A UNA DECADA DEL ESCANDALO

JUGADA SIMULTANEA. La reciente puesta en marcha de las normas de gobierno corporativo en la región centroamericana, casi simultáneamente en Panamá, El Salvador, Costa Rica y Guatemala es una muy buena noticia. Las pautas para implementar en las entidades financieras las mejores prácticas de gobierno contribuyen de una forma superlativa a la eficacia de los procesos de administración de riesgos en la banca.

DONDE SE BATE EL COBRE. Sin ir más lejos y para explicar la importancia de esas normas para la gestión de riesgos es que es precisamente en el ámbito del gobierno corporativo de los bancos donde se deciden los presupuestos anuales para equipar a las funciones encargadas de administrar riesgos. En consecuencia de no existir la voluntad política de los órganos de gobierno no habrá buena gestión de riesgos posible. En suma, el riesgo de gobernabilidad es la madre de todos los riesgos.

MEMORIA. A modo de anécdota, exactamente hace 10 años, explotó el escándalo Enron y luego, en serie, los de WorldCom, Adelphia, Tyco y varios más. Recordamos que la principal situación que generó el escándalo, y responsable en ultima instancia de que se diera a luz la regulación de hoy sobre gobierno corporativo en el mundo entero, fue la estafa moral y real que produjeron algunas de las grandes firmas auditoras (como la desaparecida Arthur Andersen) que no miraban lo que debían mirar en la información financiera de

las futuras quebradas a cambio de jugosos contratos de consultoría. Los pronunciamientos de esas firmas sobre los estados financieros saldrían limpios mientras las corporaciones les pagaran religiosamente contratos de consultoría sobre temas financieros, legales, tributarios u operacionales. Más aún, en la sustanciación de los juicios en EE.UU., que llevaron a la cárcel a extorsionadores (y que provocaron la compensación de 15.000 millones de dólares a las víctimas), se reveló que mientras los honorarios de esas firmas por labores de auditoría eran de 50.000 dólares anuales, los de consultoría llegaban a 1 millón. O las entidades les compraban consultoría o las firmas no podrían garantizar el “no concern“. Pero eso ya es historia vieja.

NUEVA HISTORIA. Afortunadamente, en la actualidad, tras una década, inclusive en países centromericanos, gracias a las nuevas normativas de gobierno corporativo que rigen en sus mercados financieros, ese conflicto de interés ya está tipificado, prohibiéndo a las firmas auditoras proveer consultoría, ya sea directamente o indirectamente a través de otras firmas o profesionales ligados a aquellas. La sanción a la infracción de esta mala práctica no sólo ahora está penada por las leyes sino que ya no pasa inadvertida por fondeadores multilaterales y calificadoras de riesgo que ahora más que nunca están pendientes de los estándares de transparencia en la banca.

RENTABILIDAD DEL BUEN GOBIERNO. Por supuesto que la buena práctica de gobierno corporativo exige años de esfuerzo en las instituciones y una fuerte inversión en recursos. Ya no solo deben implantarse nuevos procesos de gestión sino que también las entidades deben enfrentar obstáculos culturales, especialmente los de las generaciones más antiguas de la alta dirección que en algunos casos resisten los nuevos paradigmas. Pero ya no hay marcha atrás; más temprano que tarde las incertidumbres sobre gobernabilidad en las entidades financieras irán mitigándose para dar paso a avances firmes en la reducción del riesgo de gobernabilidad. Es que la garantia de la adopcion de estandares de buen gobierno se traduce en menores costos de fondeo, lo cual constituye uno de los alicientes mas formidables para los accionistas.