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EN TIEMPOS DEL CÓLERA: UN MINIAPORTE AL TEMA DEL REQUERIMIENTO DE CAPITAL POR RIESGO DE MERCADO DE POSICIONES DE NEGOCIACION EN PANAMA.

DESPACITO. Desde el año 2016 el Comité de Supervisión de Basilea, en el marco del denominado Basilea III, ha estado actualizando los estándares del nuevo marco para la gestión del riesgo de mercado, específicamente en lo que refiere a su principal preocupación que es
la constitución de capitales para la cobertura de pérdidas no esperadas. En Panamá el Acuerdo SBP-003-2018 (y sus modificatorios) para determinación del requerimiento de capital por riesgo de mercado para posiciones de negociación (trading), sin duda rompió con la tradición de cálculo relativamente sencillo de indicadores de riesgo a que nos tenía acostumbrados la Super. A pesar de que la SBP advirtió oportunamente que la exigencia de la norma emitida en Panamá sería una especie de versión “light” (pero sustanciosa), el Anexo Técnico del Acuerdo a su salida fue desmoralizante para muchos. Pero le fuimos entrando despacito y logramos desactivar el pánico; bastante.

NADA NUEVO. Los métodos de cálculo de sensibilidades delta que demanda el Acuerdo para posiciones del tipo “renta fija” no son más ni menos que una reedición de los métodos de “duration” (Macauley y Modificada) que utilizábamos allá por el principio del milenio.
Ahora se nos exige calcular precisamente éso, la duración modificada, o sea la elasticidad del valor actual de un instrumento ante un cambio de 0,01% en la tasa de riesgo prevaleciente en el mercado. La “novedad” de la norma es que el impacto de la duración se medirá para cada uno de los dos componentes básicos de una tasa de interés: la tasa libre de riesgo y el premio por riesgo de crédito del emisor (la famosa “prima”). La suma del efecto de ambas sensibilidades sobre el valor actual, en cada vértice, es básicamente el requerimiento de capital de estos instrumentos. Obviamente hay que capturar también la diversificación del riesgo, por lo que
tendremos que netear el efecto de la correlación entre los valores de flujos segun sus vértices, emisores y calificaciones de riesgo para determinar el requerimiento de capital agregado (cálculo éste que fue el que más trabajo causó por la importante cantidad de supuestos). En cuanto a la sensibilidad de posiciones tipo “acciones” (instrumentos de participación), el requerimiento se basa en una vieja conocida de los gestores: la desviación estándar diaria de la serie histórica de precios de los últimos 30 días, ajustada por liquidez. En cuanto a la métrica para derivados como para posiciones cambiarias es prácticamente similar, o sea calcular sensibilidades de flujos y correlaciones.

DETALLITOS. Una de las particularidades que nos llamó la atención fue la atinada exigencia, para posiciones del tipo ‘bonos’, acerca de utilizar en el descuento de flujos las curvas cero cupón (en lugar de curvas YTM) para el cálculo de valor actual de los instrumentos. Para no entrar en demasiados detalles, la curva cero permite descontar todos los flujos a la tasa apropiada ya que ofrece una relación inequívoca entre rendimiento y vencimiento al no requerir hacer suposiciones acerca de la tasa de reinversión. Esta exigencia, apta para la tasa libre de riesgo, se extiende tambien al segundo componente de la curva, la de los diferenciales por riesgo de crédito. Respecto de esta última concordamos con que lo más práctico es hacerlo a través del Z-Spread, que es un atajo util para determinar apropiadamente el diferencial de riesgo para la curva cero cupon del emisor.

SE HACE CAMINO AL ANDAR. Sin perjuicio de la teoría, en la vida real de los bancos nos hemos encontrado con varias situaciones que debenser resueltas. Hay al menos tres criterios principales para asignar un instrumento u operación a una posición de negociación: a) que no
haya impedimento legal para su venta o cobertura; b) que pueda ser valorado diariamente y; c) que sea tenido para fines de negociación efectiva en el corto plazo y obtener beneficios. Si bien en la norma existe una lista, semicompleta (a nuestro juicio), de identificadores de posiciones de trading, hay situaciones grises que se supone estarían sometidas al juicio del supervisor. Una de ellas es sin duda el tratamiento de los Reportos. Sería muy (pero muy) difícil argumentar en contra de su naturaleza como posición de trading, a menos quizá que sea demostrable que fuera pactado con fines de gestión de riesgo de liquidez, por ejemplo cumplir transitoriamente con requerimientos de LCR o Liquidez Legal. Otros instrumentos identificados como posiciones de trading para constituir requerimiento de capital (opinamos que en la zona gris) son las acciones cotizadas en bolsa cuya tenencia se origina en acuerdos de una membresía institucional, lo que supuestamente impediría o no estimularía su negociación (acciones que quizá no revistiesen un impedimento legal para su venta pero que su enajenación no permitiría proseguir con negocios o transacciones habituales de un banco). También se presentan algunas relativas oscuridades asociadas a instrumentos derivados. No todos los tipos de derivados calificables para trading potencialmente se listan en el Acuerdo, ni siquiera en su última modificación de 2020, lo que quizá pudiera poner algun ruido en la
identificación de algunos como asignables a dichas posiciones. En relación dicho tema, están exceptuados aquellos que versan sobre instrumentos del banking book y que además de estar formalizados como tales se pueda demostrar la eficacia de su cobertura. Desde ya los derivados bifurcados ameritan un análisis diferencial. Pero se hace camino al andar. En la publicacion de abril de Risk&News continuaremos con este apasionante episodio.

PROVISIONES POR RIESGO PAIS. LA COMPLICACION QUE NOS FALTABA.

  • Para ser sinceros todo el mercado panameño creyó que el Acuerdo SBP-07-2018 para gestión de riesgo país iría a ser un paseo fácil y que el cálculo de provisiones podría ser solucionado fácilmente con un “excelito”. Craso error.
  • Si bien la determinación de provisiones por riesgo país no es un proyecto con la envergadura de las NIIF 9 ni la complejidad del requerimiento de capital por riesgo de mercado de posiciones de trading, su cálculo se está complicando. Claro, asumiendo que se intentaría hacerlo bajo estándares de una mínima rigurosidad.
  • Para comenzar, las provisiones casi de cualquier tipo en Panamá ya no podrían ser razonablemente calculadas bajo estándares diferentes de las NIIF 9. Si se parte de que todas las entidades ya conocen las intimidades del cálculo de la PD, de la LGD y del concepto de staging y del de forward-looking, la determinación de dichas reservas difícilmente podrían dejar de considerar la dinámica NIIF 9. Y esto último teniéndolo en cuenta a pesar de la “libertad” que otorgó el controlador a los bancos para definir la metodología.
  • Varios son los elementos que no deben ser olvidados. Los países tienen una PD que puede –supuestamente- ser deducida de la calificación de riesgo que les otorgan las calificadoras de riesgo reconocidas. Sin embargo no siempre se puede acceder a dicho dato, quizá ni siquiera ingresando en las páginas de los proveedores. Un importante número de PD´s no puede ser ubicado en dichos sitios sin un pago adicional de un fee nada barato. Y aun pagando tampoco es sencillo, sobre todo en el caso de que el país se asignase al bucket segundo o tercero en el staging debido a su deterioro de riesgo crediticio (efectivamente los países también sufren deterioro de riesgo crediticio  por lo que debe disponerse de una regla para el staging). Con suerte se hallan PD´s  a un año, pero difícilmente a cuatro. A plazos mayores, para cumplir con el cálculo de PD-lifetime, sin la información necesaria, ameritaría por lo menos la exponenciación matemática (multiplicación de matrices) del valor PD-país.
  • Si la determinación de la PD-país ya es medio complicada, ni hablar entonces de la LGD-país. También es difícil conseguirla aun pagando la información a proveedores de data (con el consecuente costo prácticamente inamortizable). La búsqueda en internet de la LGD-país es casi una causa perdida, por lo que habría que recurrir a LGD’s determinadas por semejanza, o regionales en el mejor de los casos. Algunos gestores utilizan equívocamente el valor mágico de “45%”, sin una mayor justificación o razonabilidad (este porcentaje fue propuesto hace casi 15 años por Basilea II para ser aplicado por default a segmentos con exposiciones no soberanas). En fin; peor es no poner nada. En este sentido, la más simple de las preguntas sería: ¿cuál es la LGD de Panamá? Quién se anima a contestarlo. Otro tema, quizá de menor complejidad, es la incorporación de lo prospectivo en el importe de las pérdidas esperadas: el valor forward-looking-país. En suma, lo que se creía un paseo dominguero, por ahora está resultando un lindo laberinto.

 

INFORMATIZACION DE PROYECTOS NIIF 9 EN LA BANCA.

  • Uno de los aspectos más complicantes en la implementación de un proyecto NIIF 9 en la banca es sin duda el relativo a su informatización. El cálculo de las pérdidas esperadas (deterioro crediticio) de los instrumentos financieros si bien no es complejo, es altamente demandante de recursos ya que al mismo convergen en general una importante cantidad de algoritmos matemáticos. El cálculo de las probabilidades de incumplimiento, la exposición al incumplimiento y la tasa de pérdida – especialmente esta última- a lifetime, por instrumento y segmento, es fuerte. Sobre todo en instituciones de alto volumen transaccional, y particularmente denso en el caso de segmentos del crédito al consumo, vivienda y tarjeta.
  • Como ya lo han comprobado una gran cantidad de instituciones bancarias que deben o desean adoptar las NIIF 9, el uso de planillas electrónicas tipo Excel como herramienta de cálculo, si bien les es imprescindible en una primerísima fase de la implementación, no es suficiente para sostener en el tiempo la generación de resultados. Las planillas suelen “colgarse” cuando deben procesar millares de instrumentos agrupados en varios segmentos. Ocurre que las NIIF 9 exigen determinar el deterioro instrumento por instrumento. Si bien los bancos fundamentalmente proponen tratamientos colectivos a sus instrumentos, la métrica NIIF 9 requiere, al final del camino, identificar tanto pérdidas como comportamientos históricos, presentes y futuros de todos y cada uno aquellos. Esta dificultad se hace más notoria al momento de las Revelaciones. Estas exigen -como mínimo- identificar periódicamente aquellos instrumentos y los importes que migran a la fecha de cada presentación desde una Etapa (bucket) de deterioro hacia otra, y su reconciliación final con los agregados colectivos. Potencia el problema que la elaboración de información y la registración debe realizarse de forma periódica, y archivarse los resultados arrojados para su uso posterior y continuo.
  • Aceptada la necesidad de resolver el tema de la informatización de forma de no depender de una hoja electrónica, con la consecuente pérdida de integridad de la información, se deriva que la banca tiene para seguir dos caminos básicos sobre este particular: a) desarrollos internos; b) proveedores externos. Si bien aún no existen estadísticas formales, la experiencia de estos últimos dos años en la Región, sugiere que un 30% de los usuarios ha decidido solventar el problema mediante desarrollos in house. El resto ha recurrido a soluciones externas. Ambos caminos presentan ventajas y desventajas. El beneficio principal de una solución interna es obviamente el costo, lo que no es un tema menor. La ventaja de la adquisición externa de un sistema NIIF -que captura data de las bases de las entidades- es básicamente el menor tiempo de puesta en marcha y producción.
  • Sin perjuicio de lo anterior, la mayoría de los bancos que han recurrido a servicios informáticos externos lo hicieron luego de haber hecho sus cálculos sobre los costos, considerando especialmente que los plazos de retrasos en estos proyectos en general son pagados con mayores reservas. Esto es que muy probablemente los proveedores externos, producto de la curva de aprendizaje ganada en sus experiencias de instalaciones NIIF 9 en otras entidades de cierta forma garantizan un cálculo correcto, basado en una metodología razonable, ajustada al estándar NIIF 9 lo que permite optimizar el costo de reservas de una forma significativa. Todo cálculo que no se realiza –ya sea por ausencia de data, problemas operativos en TI o metodologías equívocas no probadas- son penalizados fuertemente por los estándares de la norma, lo que demandará la constitución de mayores reservas, al menos hasta que el problema fuera subsanado.

 

Requerimiento de Capital por Riesgo de Mercado en el Trading Book. Otro “enfant terrible”.

  • Lenta pero inexorable se acerca el momento en que los bancos deberán cumplir de forma efectiva las exigencias el Acuerdo SBP 03-2018 sobre requerimiento de capital por riesgo de mercado en posiciones de negociación, quizá la norma más compleja que haya emitido la SBP en los últimos años y que, sin duda, ya desvela a las unidades de riesgo encargadas de su implementación. Si creíamos que las NIIF 9 colmaban los recursos disponibles estábamos equivocados. Faltaba esto, un nuevo “enfant terrible”.
  • En nuestra firma creemos que el tema preocupante que debería inquietar al mercado actualmente no es tanto el cálculo del requerimiento de capital en sí (que evidentemente se las trae) sino el hecho de que actualmente existe una marcada creencia en algunas entidades que supone, equívocamente, que no tendrían posiciones de negociación en el portafolio y, en consecuencia, se habrían “salvado” de asignar capital de cobertura y, mejor aún, no tendrían que hacer cálculo alguno. Para beneficio de algunas instituciones en este momento eso quizá podría ser cierto, pero un futuro modificatorio podría estar más cercano que lo que presuponen. Ocurre que no es suficiente asumir que hoy no se tienen exposiciones de trading respaldándose en la literalidad del articulado de la norma; hay zonas muy grises. Tampoco es razonable evitar en el futuro la compra activos que podrían clasificarse como tales.  Muy posiblemente, tras una segunda lectura existan en el banking book posiciones a las que se exigiera obligatoriamente ser reclasificadas, más temprano que tarde, para ser trasladados de un libro al otro con las urgencias que ello .generaría.
  • Debe recordarse que el objetivo del estándar es principalmente establecer fronteras impermeables entre el BB y el TB para evitar arbitrajes (o clasificaciones equívocas) entre las posiciones. El Articulo 5 de la norma panameña, sobre restricciones a la transferencia de activos entre las carteras, señala que las entidades tienen estrictamente limitada su capacidad para reasignar, a su elección, instrumentos entre las carteras de negociación y las carteras clasificadas en el libro bancario tras la clasificación inicial, agregando que una eventual reasignación solo sería permitida por la SBP y en circunstancias extraordinarias, mediando previo informe de la gerencia de los bancos, señalándose taxativamente que sería una responsabilidad primaria de la junta directiva (y la gerencia) el establecer políticas y procedimientos para identificar y administrar apropiadamente tales riesgos.
  • De acuerdo a lo anterior el tema que al menos debería inquietar es el de la ocurrencia de una posible reclasificación mandatoria. Este evento es muy probable –por lo menos así lo fue en otras jurisdicciones tras la primera etapa de implementación- sobre todo en Panamá, mercado en el que aún está pendiente regulación para requerimiento de capital sobre posiciones en el libro bancario, lo que terminará de dividir las aguas, haciendo correr a más de un gestor de riesgos que hubiera apostado a la impermeabilidad de algunos de sus portafolios.
  • La otra situación como mencionamos más arriba, que acucia a los gestores es más pedestre, y es obviamente el tema de la métrica, propiamente dicha, del requerimiento de capital. Basta leer en Internet que en los países de la OCDE existe actualmente una gran demanda de profesionales capaces de realizar el cálculo FRTB, para tener alguna idea de la dimensión del trabajo que les espera a los gestores nacionales, aun en un contexto como el de la regulación panameña que propone una metodología estándar y tropicalizada. Sobre el particular habría varios aspectos que deberían tenerse muy en cuenta. El primero, en orden, y entre muchos otros, es que uno de los insumos de información que se requieren es disponer de la curva de tasas de interés cupón cero, libre de riesgo. Sucede –y atención- que aquella no es la curva ETTI que es utilizada tradicionalmente, sino que hay que transformarla (para que sea “cero”), de allí la indicación en el Anexo Técnico que señala el numeral tres del punto I.1. Tasa de Interés Libre de Riesgo en el Requerimiento de Capital por Riesgo de Interés de Bonos, sobre la necesidad de conocer el precio de mercado del instrumento (bono) o de su valor razonable. El segundo acertijo es, sin duda, la resolución adecuada de los temas de correlación y agregación de resultados para obtener importes integrales de requerimiento de capital, ya sea para instrumentos del tipo bonos, acciones, FX y/o derivados.