DEPRECIACION DEL COLON. CHIVO QUE SE DEVUELVE SE ESNUCA.

  • La importante depreciación del colon, impulsada por la sola fuerza del mercado -o sea no inducida por la autoridad monetaria- habría sido un regalo del cielo para el BCCR. Al menos seis razones sostendrían tal argumento: a) lo exime de cualquier responsabilidad como institución rectora de lo monetario frente a su compromiso de anteponer objetivos de inflación; b) licúa en términos reales sus propias deudas adquiridas en colones, y las del resto de la sociedad; c) reduce los costos internos de la economía medidos también en moneda constante; d) incrementa –transitoriamente- la competitividad de las exportaciones; e) mejora el perfil neto de la recaudación tributaria, al menos nominalmente, lo que si bien no le compete directamente, sí le proporciona algún margen de maniobra ante la ausencia de reformas fiscales y; f) obtiene ganancias por diferencial cambiario. En suma, Fuenteovejuna lo hizo. Bienvenida la depreciación. 
  • También hay que comprender, para ver el bosque y no el árbol, que la depreciación reciente no fue “ficticia”, provocada por especuladores, sino que responde a un factor real y objetivo y que es el de la necesidad de la economía costarricense de recuperar el retraso cambiario que ha venido sufriendo desde hace años, evidenciado entre otros indicadores, por la diferencia del valor del tipo de cambio real efectivo entre julio 2007, que se situaba en 100%, y fines de 2013, en 74%. El solo hecho que la tasa de interés colones acumulada en el período haya superado ampliamente la depreciación nominal acumulada en el mismo, es otra clara muestra de la brecha. El total de las bibliotecas sobre economía señala que el quantum de las variaciones de los tipos de tasa y de cambio convergen en el largo plazo, y que las eventuales divergencias son sólo anomalías transitorias. 
  • Sin perjuicio de lo anterior, establecido ya que el mercado se autoimpuso un ajuste, la pregunta del millón es cuál va a ser el tipo de cambio en el corto y mediano plazo. Lamentablemente no hay respuesta cierta; más aun, no puede haberla. Repetimos, no puede existir un pronóstico cierto. Sin embargo al respecto se pueden hacer algunas consideraciones razonables. Partiendo de que la volatilidad de la paridad cambiaria se da en “clusters”, o sea a través de variaciones agrupadas en lapsos relativamente cortos en el tiempo y no permanentes, se podría conjeturar que más temprano que tarde se alcanzaría un nuevo nivel de dicha paridad, a partir del cual el TCN se estabilizaría, mostrando ya sea una baja volatilidad o un amesetamiento durante un período indeterminado, hasta el comienzo del nuevo cluster. En tal sentido debe recordarse que muy probablemente el mercado procurará continuar recuperándose del retraso. Sólo se sabe que el nuevo ajuste va a ocurrir, pero no se sabe cuando. Como el “big one” de la falla de San Andrés.
  • Creemos que no habría que pensar o cifrar esperanzas en que el BCCR vaya a torcer la mano del mercado restaurando el tipo de cambio anterior. No le convendría; pero fundamentalmente porque se ha comprometido explícitamente a no intervenir para modificar volatilidades o tendencias, excepto para serruchar picos y exabruptos, de forma de tratar de evitar movimientos especulativos. Recordar el dicho venezolano –país ahora tan de moda- “…chivo que se devuelve se esnuca”, que hace referencia a que ese animal es hábil sólo caminando las laderas hacia adelante, pero corriendo peligro de caerse si fuera hacia atrás.
  • Por cierto, no sólo el Banco Central habría sido “beneficiado”, hay otros bancos que también lo fueron: aquellos que, aún en contra de la palabra de una gran cantidad de opinadores, mantuvieron posiciones netas en moneda extranjera muy largas durante los duros años de la apreciación, pagando pérdidas por diferencial pero asegurando el valor real patrimonial, en el contexto de la debida administración bancaria bajo un enfoque de riesgos que propone privilegiar la cautela del capital económico por sobre el rendimiento.