LA MADRE Y EL PADRE DE TODOS LOS RIESGOS: EL RIESGO REPUTACIONAL

Luego de tantos años de trabajar en el mundo del riesgo bancario cada vez estoy más convencido de que el mayor riesgo que afrontan las instituciones financieras es el “reputacional”. Como todo el mundo sabe el riesgo de reputación puede ser definido -palabras más, palabras menos- como la probabilidad de que una entidad financiera pueda incurrir en pérdidas económicas debido a la afectación de su prestigio, credibilidad o imagen. Naturalmente el riesgo reputacional incluye el de blanqueo o de intento de legitimación de capitales. Ocurre que -desafortunadamente- son pocas las instituciones financieras que lo miden o que lo incluyen dentro del presupuesto de gastos destinados a la administración de riesgos.

Overshooting 

Habrá que admitir que luego de casi dos décadas de regulación bancaria sobre la gestión de riesgos, los de mercado, de crédito, de liquidez y hasta el riesgo operacional, en condiciones normales de mercado, se encuentran aceptablemente acotados o cubiertos. Las instituciones, en general, casi podrían afirmar que las pérdidas no esperadas derivadas de la exposición a esos riesgos no superan el valor de sus respectivos capitales económicos. Básicamente los reguladores de los mercados, y más luego de Basilea III, requieren por parte de las entidades financieras de un “overshooting” en cuanto a requerimientos patrimoniales. Notoriamente el capital regulatorio requerido obligatorio suele ser mucho mayor que el económico constituido.

Sin cobertura posible

Lo anterior no es válido para la exposición al riesgo reputacional. Más bien lo contrario. Hasta se podría afirmar que no existiría un valor mínimo razonable para la cobertura del riesgo reputacional.  Las pérdidas no esperadas que derivarían de la ocurrencia de eventos de esa naturaleza podrían llegar a ser muchísimo más importantes que cualquier valor de capital económico que fuera constituido por un banco. Una gran cantidad de veces me han preguntado acerca de cómo podría cuantificarse el riesgo de reputación, o al menos sobre la existencia de algún “modelito” que permitiera algo asi como multiplicar un ponderador por algún parámetro referencial, para al menos determinar un cargo patrimonial, o siquiera una reserva o estimación de provisiones. Objetivamente ello no es posible. Ocurre que desde el punto de vista metodológico ni siquiera es posible analizar series temporales de pérdidas por exposición al riesgo reputacional ya que no se podría disponer de más de una o dos observaciones en una serie. Ni siquiera sería suficiente para establecer un patrón o algoritmo que guiase un Montecarlo. Un evento de riesgo reputacional medianamente significativo es prácticamente único en la vida de un banco; dos eventos, una singularidad casi teórica, ya que la ocurrencia de estos generaría prácticamente la liquidación de la entidad.

Entonces… 

Una pregunta que podría quedar flotando es la de cómo medir el riesgo reputacional en la banca asumiendo que no podría constituirse ningún cargo patrimonial razonable o suficiente para darle justa cobertura. En función de los multiples requerimientos y siguiendo estandares de buena práctica en los mercados, en varias instituciones hemos logrado identificar una serie de “drivers” del riesgo tales como gobernabilidad, responsabilidad social corporativa, compliance, capacidad de retener talento, solidez financiera de una institución entre otros. Se podría señalar que existen al menos una docena de conductores que permitirían a la Unidad de Riesgos determinar el grado de exposición potencial de un banco al riesgo de reputación. Es decir que solo podríamos valorar los desencadenantes posibles de un evento, mas no anticipar la perdida. Una evaluacion del riesgo a través de sus posibles generadores permitiría al gestor disponer de un inventario de vulnerabilidades que aumentan la probabilidad de ocurrencia de un evento que pudiera afectar la reputación, y consecuentemente trabajar para su mitigación.

Condicionante

Sin lugar a dudas para lograr emprender adecuada y oportunamente actividades de identificación, análisis, medición, control y seguimiento  del riesgo reputacional sería saludable en primer término que los bancos dejaran de considerarlo como un riesgo marginal, al que se le asigna una prioridad de tratamiento menor que a la de los “grandes riesgos”, especialmente a la hora de la presupuestación de gastos. El problema de ese riesgo, el reputacional, es que no tiene cobertura, ni más ni menos; solo se puede prevenir. Cuando se materializa es un evento final.