RISK & NEWS: ¿Hurras?

  • Costa Rica ha recibido la calificación Baa3, de parte de una de las tres firmas de calificación de riesgos más importantes del mundo. ¿Pero éso es bueno o es malo? Luce sin duda como algo muy positivo… ¿pero, para Costa Rica o para Moody’s?, ¿O se trata acaso de un ‘win-win-game’?
  • Algo de historia. Durante prácticamente las ultimas dos décadas del siglo XX las calificadoras de riesgo gozaron de un prestigio bien ganado. Pioneras en materia de cuantificar riesgos, recibieron el apoyo de todos los participantes de los mercados de capitales, especialmente luego de los despropósitos financieros que se generaron con la crisis de la deuda externa a principios de los 80’s. Las calificadoras aportaron luces, en ese entonces, con sus opiniones a favor de mercados aún poco transparentes y que se encontraban en sus estadios tempraneros de globalización. Pero nada es eterno…
  • Los primeros uppercuts que recibieron las calificadoras en su prestigio fueron  sin duda con los bochornos de Enron (2001) y Wordcom (2002), ambos emisores excelentemente calificados ‘minutos’ antes de sus respectivos desastres. Tras Parmalat, en el 2003, las calificadoras quedaron al borde del ‘nockout’. Sin embargo aún ‘groggies’ (para continuar con la metáfora pugilística) se mantuvieron de pie hasta el 2008, cuando en la crisis subprime la comunidad financiera internacional -no sin una dosis de hipocresía- las señaló como posibles cómplices necesarias para su gestación y cuyas responsabilidades, en estos momentos, se están dirimiendo en las cortes norteamericanas. El golpe final, por lo menos para el modelo de negocios de las calificadoras, lo acaba de propinar el presidente Obama con su reciente reforma financiera, por la que las actividades de esas firmas se hallan en plena revisión crítica.
  • En dicho contexto es que una calificadora le ‘asesta’ a Costa Rica un grado de inversión. Más exactamente  de ‘medium grade’ , como se lee en las definiciones proporcionadas por la misma Moody’s,que señalan que la calificación Baa3, corresponde a obligaciones con moderado riesgo y que mantienen ciertas características especulativas (ver site moodys.com). Y decimos ‘asesta’ ya que si bien Costa Rica esperaba un merecido reconocimiento de los mercados por la forma en que hasta el momento habría sorteado la crisis, esta calificación cae sin anestesia, mas temprano que tarde, quizá más oportuna para los intereses de Moddy’s que para los del país,  otorgándose en el contexto de una percepción generalizada de muy baja calidad de la actividad de calificación de riesgos.
  • Por supuesto, si se aceptan las reglas del juego, una calificación Baa3 es mejor que una Ba1. Y naturalmente Costa Rica se debe sentir orgullosa del galardón. Pero para los mercados las glorias de entrar a la categoría de grado de inversión son menos impactantes que las miserias de salir, razón por lo que por ahora los inversores y gestores de inversión no se hallan eufóricos por la buena nueva (como sí estaban en su momento los mercados panameños). Recordemos que la economía costarricense muestra dos factores de alto riesgo (que por cierto los nombra Moody’s en el sustento de su reciente calificación) que pueden agravarse: el complicante sistema de bandas cambiarias y el déficit fiscal. El primero provoca que los costos internos de la economía costarricense sean los más altos de Centro y Latinoamérica, limando fuertemente su competitividad; y el segundo, que genera serias y muy atendibles expectativas de rebote de la inflación.
  • Quizá si el grado de inversión habría sido otorgado por los mercados a través de la reducción de las exigencias de rendimiento para los papeles costarricenses, las ‘hurras’ habrían sido más que justificadas. Pero como se ha dicho, las reglas de juego son otras: la mejora en la calificación es condicionante de la reducción de tasas; y todos contentos.
  • En suma, estimamos que la calificadora otorgante hizo legítimamente su negocio, vendiendo el servicio de reactualizacion de la calificación a Costa Rica, pero con el ‘petit detail’ de que las calificaciones son demandadas, compradas y pagadas por los emisores y no por los inversionistas, como sería lo razonable, por lo menos para que aquellas gocen de mayor credibilidad.
  • ¿Quién hizo mejor negocio? ¿El calificado que deberá transpirar inoportuna y extemporaneamente para no deslizarse de un peldaño hoy muy resbaloso, o el calificador que justo antes de reformar sus estatutos, y muy oportunamente, consolidó un cliente reservándose la opinión futura sobre su posible deslizamiento?

NOTA: Tambien Standard&Poors está de promociones este año, para no ser menos y no correr el riesgo de perder ‘share’ : curiosa e inesperadamente esa calificadora acaba de subirle la nota a Argentina (de ‘B-’ a ‘B’). Y decimos curiosamente ya que en ese país la inflación es de 25% anual, se halla en default selectivo por 10.000 millones de dólares en sus bonos soberanos desde hace casi 9 años, estatiza empresas antes privatizadas, no acepta revisiones de su economía por parte del FMI desde hace 4 años y su gobierno fue denunciado por la SIP por perseguir a los medios de comunicación (como Chávez, Ortega, Castro y Morales). ¿Estaremos asistiendo a un año de jubileo de calificaciones soberanas? ¿O es que las finanzas de las calificadoras están tan complicadas?