Subjetividad en la Gestión de Riesgo Operacional

TAREA AGOTADA: MEDICION DEL RIESGO

OPERACIONAL BASADA EN JUICIO EXPERTO

Por Dr. Jorge Ambram. Presidente Ejecutivo de Grupo JA Capital Markets – Risk Managament


  • Cuando el gestor de riesgo operacional decide por alguna razón emplear metodologías de naturaleza cualitativa para medir el riesgo operacional se apoya en técnicas subjetivas. Para ello, mediante el juicio experto tratará de calificar el valor de frecuencia y de severidad de la ocurrencia de eventos de riesgo. Así, por ejemplo, podría definir la frecuencia esperada como “alta”, “media” o “baja” (o más grados, agregando por ejemplo categorías como “alta-media” o “media-baja”). Lo mismo, utilizara estas escalas en relación a la graduación de la severidad esperada de los eventos.  Conclusión: una decisión equivocada; un camino perdedor y desde hace años ya fuera de las buenas prácticas.
  • Ante todo ese gestor debería recodar que nunca debe perder de vista el objetivo final de la medición del riesgo operacional (y en general de todos los riesgos) y que en última instancia es procurar su mitigamiento a través de la constitución de reservas y cargos patrimoniales, para dar cobertura a pérdidas esperadas y no esperadas y así proteger y cautelar el ahorro del público y la inversión de los accionistas, en ese preciso orden.

 

FRECUENCIA DE EVENTOS

  • El primer problema del administrador RO con las técnicas basadas en juicio experto radica en que si define como frecuencia “baja” a un evento que ocurre, digamos hasta 20 veces por año (o cualquier otro número), tendríamos que dicha calificación sería aplicable tanto a la frecuencia de un evento del tipo de “reversión de asiento contable debido a error en la registración” como también a la de un evento del tipo “error en la transcripción al Acta de la de la Junta Directiva de lo tratado en la sesión”.
  • Como es fácilmente deducible, en el caso de las “reversiones”, la calificación de “baja” si se esperase que aquellas ocurrieran 15 veces al año, sería razonable; pero en el caso de los “errores en Actas”, no  lo es ya que una frecuencia de 15 anuales es muy alta.

 

SEVERIDAD DE EVENTOS

  • Peor aún es cuando se trata de calificar de forma subjetiva, a juicio experto, a la “severidad” o “intensidad” de pérdidas. Digamos que se define como de intensidad “baja” a aquel evento que provoca una pérdida menor a $5.000, u otro valor definido en términos de un porcentaje del patrimonio. Aplicándose el criterio a los mismos eventos que se ejemplificaron más arriba (“reversiones contables por error en registración” y “errores  en transcripción correcta del contenido del Acta de Junta Directiva”) también se comprenderá que cualquier valor asignado bajo estas técnicas no sería razonable, ya que un error en “registración contable” podría derivar en grandes pérdidas, en lugar de bajas así como un “error en el Acta” posiblemente, y de manera contraria a lo que se esperaría, podría derivar en pérdidas nulas si se advierte y se corrige a tiempo.
  • Un ejemplo más. Digamos que el evento fuera “caída del sistema en la plataforma”; habrá que admitir que cualquier estimación realizada por el juicio experto de las pérdidas esperadas basadas en una escala precaria como las señaladas no sería aceptable, o al menos de dudosa calidad.
  • Por último, lo más importante en el tema de la subjetividad en la estimación de la intensidad de pérdidas. Cuando se habla de severidad de pérdidas, el valor que se supone que específica y finalmente debe estimarse es  el de las NO esperadas, a tal punto que su cobertura patrimonial es el tema central y casi excluyente de los nuevos estándares de Basilea. En el caso de la “caída de sistemas en la plataforma”, el juicio experto sobre el monto probable de las pérdidas no esperadas, ya sería una tarea de dioses y no de hombres.

 

EXPLORANDO UN CAMINO GANADOR

  • En suma, primero parecería que el juicio experto no podría basarse en escalas comunes aplicables a todos los eventos por igual, tanto para calificar sus frecuencias o sus intensidades. Tratar de solucionar el problema mediante escalas de graduaciones diferenciadas por tipo de evento daría lugar al establecimiento de varias docenas de tales escalas, con la complicación de que éstas deberían también estar ajustadas a la etapa precisa del proceso en que el evento ocurriese. Pensemos que en el proceso de crédito un error de tipeo en el monto del contrato no arrojaría las mismas pérdidas (esperadas o no esperadas) si ese evento ocurriese en la solicitud del crédito a que si ocurriera en el momento de la firma final de ese crédito, previo al desembolso. Como queda claro, un mismo evento puede derivar en perjuicios diferenciados según la etapa del proceso en que se dio su ocurrencia.
  • Segundo. Aun en la hipótesis de que los gestores de riesgo operativo, lograran diseñar una  “hiperescala” de al menos cuádruple entrada, restaría solucionar el problema subyacente de la subjetividad en la percepción del valor de la intensidad de pérdidas, y especialmente el de las no esperadas.
  • Frente a lo anterior recomendamos que la gestión de riesgo operacional abandone paulatinamente los indicadores de riesgo establecidos bajo métricas cualitativas y/o subjetivas y tomar a éstos como meramente referenciales o complementarios pero no aptos para sustentar políticas o toma de decisiones. Si bien en una primera etapa de la gestión RO esas técnicas fueron útiles, y permitieron lograr algunos indicadores precarios (como riesgo bruto y residual), ya no tienen lugar dentro del espectro actual de las mejores prácticas.
  • Creemos que es importante considerar el traslado de recursos hacia la cuantificación objetiva de frecuencias e intensidades de incidentes para garantizar una valoración técnica de reservas y cargos patrimoniales para dar cobertura a pérdidas por exposición el riesgo operativo en la banca, y que incorpore elementos de matemática y probabilidades, con horizontes de tiempo y niveles de confianza aceptables. Por lo menos para mitigar el riesgo de tomar decisiones equivocadas.