Uno de los temas que esta retomando mucha fuerza en la banca en la Región es el de mejorar la gestión de Riesgo de Rentabilidad en general y la determinación de sus contribuyentes por Unidad de Negocios, Productos, Canales y Clientes, en particular. Es que esta etapa de recuperación tras la crisis exige a las instituciones financieras regionales individualizar las fuentes internas de renta de manera de poder optimizar esfuerzos ante una competencia cada vez más agresiva y hasta desesperada.

Una adecuada gestión de riesgo de rentabilidad en la banca requiere como mínimo poder distribuir las utilidades generadas por sus unidades o líneas de negocios tales como Banca Personal, Corporativa, Banca Pyme o Tesorería entre otras. Y lo mismo para productos como Préstamos o Depósitos a la Vista; y canales, como agencias o e-banking. Y por supuesto también para clientesusuarios de servicios. El objetivo final es desagregar respecto del total la rentabilidad de las partes e identificar separadamente la capacidad de aquellas de producir beneficios y así diseñar políticas derentabilización. Y ésto suele ser bastante complicado, a menos de que se disponga de las metodologías adecuadas.

A estas alturas del partido el mayor obstáculo para las entidades financieras en el proceso de identificación de esas rentabilidades segregadas no proviene, como se podría suponer, del costeo de gastos directos o de la  determinación del ‘overhead’, sino de la identificación de márgenes financieros segregados. Sucede que desafortunadamente la mayoría de las instituciones de la región caen en la simpleza de basar ese cálculo en el neteo de ingresos de cada parte contra gastos financieros contables. Y en estos tiempos que corren ello ya no es del todo correcto; para reconocer la utilidad de una especifica línea, producto o canal es necesario determinar la diferencia de renta que aporta cada parte por sobre (o por debajo) de la que marca una especifica estructura intertemporal de tasas de interés (curva de tasas) que rija en el mercado al momento de la medición. Un ejemplo: supóngase una entidad que a una determinada fecha registra que su unidad de Banca Corporativa prestó 100.000 al 12 % a tasa fija, al plazo de 1 año y fondeandose con recursos captados por la unidad de Banca Personal a 3 meses al 4% de interés anual.

Si aquellas fueran las dos únicas operaciones realizadas por esa institución, y su administración pretendiera determinar el margen financiero con que contribuye cada una de las unidades al total de rentabilidad, se encontrará al menos ante un serio problema: tratar de reconocer formalmente que el margen financiero de 8% no es fijo, y que muy probablemente variará en el tiempo, razón por la que sólo se puede asegurar que aquel valor porcentual anual será percibible únicamente durante los primeros tres meses, en tanto en el futuro podría existir una variación de las tasas pasivas.

Continuando con el ejemplo, si un mes mas tarde las tasas de costo de oportunidad del dinero en el mercado (la curva) fueran de 3% anual a dos meses y 12,5% anual a once meses, la contribución al margen financiero total derivado del aporte de cada unidad debería ser de una ganancia de 1% anual para Banca Personal (4%-3%) y de una pérdida de 0,50% anual para Banca Corporativa (12,5%-13%). El 7,5% de diferencia respecto de la rentabilidad total obviamente corresponde al descalce de plazos (mas exactamente al descalce de las duraciones) y es la base de calculo del riesgo de rentabilidad, que debe ser convenientemente transferido o al menos mitigado.

Lo anterior implica que seria razonable y conveniente que las entidades para monitorear las competitividades de sus unidades de negocios, productos o canales, adoptaran técnicas efectivas de distribución interna de rentabilidad basadas en los respectivos diferenciales relativos de tasas contra las curvas de mercado en lugar de los diferenciales absolutos entre ingresos y egresos. Este sistema de aportantes se denomina desde hace 20 años como Matched Maturity Funds Transfer Pricing (FTP), y si bien su estructuración tanto como su aterrizaje real en una entidad es complejo, constituye el modelo de precios internos de trasferencia mas utilizado en la actualidad para desagregar por contribuyente la rentabilidad total y fundamentar ajustes en sus estrategias de negocios.