¿DEGRADACION MASIVA?

 

  • SACRIFICIO RITUAL. Pensándolo bien, la degradación del rating norteamericano no tiene –todavía- un efecto real u objetivo mas allá de los que tuvo en los rituales de la logia calificadora. Según el código de Hammurabi que administran las calificadoras,  los papeles emitidos por ese país, tras la degradación, tendrían que ofrecer más rendimiento para satisfacer a los inversores. Pero éso hasta el momento no se ha cumplido en el mundo real en el que los hombres refutan a los dioses. Más bien ha ocurrido todo lo contrario ya que desde el 1 al 12 de agosto de 2011 el estremecimiento de los mercados hizo que el rendimiento de los títulos del tesoro hasta 10 años (LT Composite) cayera de 3,61% a 3,14% anual, y los emitidos a más de 20 años (Long-Term CMT) de 3,72% a 3,24% anual. O sea casi 50 puntos menos que antes de la ceremonia del sacrificio.
  • ORACULOS EN DECADENCIA. Sucede que los mercados por ahora no convalidan las profecías de los oráculos en decadencia, y por éso, como ya lo hicieron en el 2008 y como ya desde hace mas de medio siglo, repitieron el viejo y sabio ‘fly to quality’: si las cosas se ponen realmente pesadas, girar los recursos a EEUU (no a Alemania ni a China), aun si el centro del desastre fuera en aquel país.
  • THE POWER MACHINE. Es que los mercados saben, o intuyen, que el default norteamericano es una entelequia, o en el mejor de los casos algo meramente nocional. Es que EE.UU. posee algo que no poseen los demás países: una máquina de fabricar dólares. O sea que toda deuda denominada en esa moneda no podría dejar de ser pagada por el emisor, a menos que ello fuera expresamente prohibido por regulación o leyes específicas lo que, como ya fue demostrado, no forma parte de los escenarios probables actuales. Ni México (1995), ni Rusia (1998) ni Argentina (2002)  durante sus respectivas crisis terminales dejaron de pagar emisiones en rublos o en pesos.
  • RIESGO DE TRANSFERENCIA. Desde el punto de vista académico, si la falta de autorización de pagos de la deuda norteamericana se hubiera consumado, el incumplimiento que hubiera existido se trataría de un caso de materialización del ‘riesgo de transferencia’. Este tipo de riesgo remite a la probabilidad de un emisor no pudiera honrar los compromisos pactados en razón de una ley o regulación que lo impidiera, no obstante la voluntad positiva de pago por parte de aquel.
  • BLINDAJE IMPLICITO. En términos reales uno de factores que concurre al blindaje de los títulos norteamericanos está otorgado mas que implícitamente por tenedores como China, pais que mantiene en sus registros el 25% de los bonos en circulación emitidos por el T-USA, y que no sale liquidarlos de forma masiva o selectiva, precisamente porque necesita preservar el valor de su inventario; en realidad, ni Vanuatu lo haría en las mismas condiciones.
  • FE DE CALIFICACIONES. Profundizando un poco más, y tomando distancia de la fe calificadora, una degradación del rating de EE.UU. implica, a juicio de muchos, una degradación simétrica, en el mismo valor y sentido y en tiempo real de las calificaciones de los otros países que participan de los mercados. Sucede que desde la posguerra esos mercados se organizaron casi férreamente tomando como eje y referencia al norteamericano, al punto que desde hace varias décadas el riesgo de cada participante se mide contra el riesgo de los USA-Treasuries en términos del spread de rendimientos. Esta estructura da por sentado, como un axioma financiero, que los rendimientos de los instrumentos emitidos por el tesoro estadounidense son libres de riesgo. Y ésto parece que tiende a mantenerse sin modificaciones a menos, claro está, que a partir de ahora, los spreads se midan contra los papeles de Singapur, la Isla de Man o Australia que se mantienen en la elite triple A. La perspectiva de la simetría suena lógica: si lo que se percibe como risk-free se cae un escalón, lo otro también lo hará. Síntesis: hasta el momento nos vamos hundiendo a la velocidad esperada.

 

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