OBSERVACION COMO TACTICA, SILENCIO COMO ESTRATEGIA

  •  SIN CHANCES. La situación internacional de los mercados financieros es tal que a cualquier pronóstico formulado sobre el comportamiento de corto plazo no se le podría adjudicar una probabilidad medianamente atractiva de éxito. Miles de arúspices diariamente, en todos los paises, tratan de leer las entrañas de las aves para lanzar sus profecías.
  • MUCHAS INCOGNITAS. Vano esfuerzo; esta vez dadas las muy particulares condiciones prevalecientes en los mercados la multiplicidad de escenarios no es administrable. Adiferencia de la crisis del 2008, donde el centro de gravedad se encontraba en un sector especial del mercado financiero norteamericano (hipotecas subprime), la situacion actual involucra no solo a la gobernabilidad de EEUU y  la degradacion de su deuda sino tambien a una constelacion de espantos: las crisis económicas de Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia aunado a las fuertes diferencias entre Francia y Alemania en torno a los rescates financieros, y por si fuera poco, el aporte a la confusion reinante derivado de las crisis politico-sociales de Tunez, Egipto, Libia y Siria. A lo que hay que agregar el telon de fondo del problema irresuelto de Afganistán, Irak e Irán. Si lo pusiéramos en términos matemáticos diríamos que las variables son tantas que se necesitaría un número superlativo de ‘ecuaciones’ para que un modelo pudiera arrojar un resultado no indefinido.
  • AUDACIA. No hay duda que siempre habrá opinadores que trataran de lucirse vaticinando eventos de corto o mediano plazo, lo cual es relativamente sencillo: se trata de pronosticar situaciones lo suficientemente ambiguas como para poder ser interpretadas favorablemente cualquiera fuera el resultado, por ejemplo: ‘…Existe muy  alta volatilidad en los mercados lo que debilitaría la capacidad de los países desarrollados para comprar bienes y servicios de los emergentes’, sentencia que no seria tan light sino fuera porque invariablemente se agregan frases tales como: ‘…No obstante no se debería subestimar la probable corriente de inversiones directas hacia los emergentes para beneficiarse de mejores rendimientos financieros’. Para donde saliera el tiro se acertaría.
  • GENERICO Y AMBIGUO. Es que a medida que avanza la globalización, la conectividad y el flujo de información en tiempo real, los modelos de análisis económico-financieros se debilitan, o utilizan data que se hace obsoleta minuto a minuto, lo que incapacita a los interpretadores para realizar proyecciones creíbles, a menos que estas fueran lo suficientemente genéricas o ambiguas, como se mencionó anteriormente.
  • GURUES. Para quienes trabajamos en riesgos, a esta altura del partido, no nos averguenza señalar que los modelos tradicionales de medición y pronóstico solo funcionan en tiempos normales, lo anterior dicho tanto en el “lato sensu” como en el “stricto sensu”. En la primera acepción, en el sentido amplio, la normalidad refiere a un periodo de tranquilidad de los mercados; en la segunda, se trata de la distribución gaussiana de frecuencias con media cero y desviación uno. De otra forma no se podría comprender como el Long Term Capital Management Fund, que incluía en su staff a dos premios Nobel, Myron Scholes y Robert Merton, quebró en 1998, hundido por la crisis Rusa. Y tampoco fueron demasiado útiles los modelos predictivos que operaban los gurúes de Lehman Brothers y Bear Stearns en el 2008.
  • VIEJO TRUCO. Obviamente no está demás escuchar a quienes tienen experiencia, pero parecería ser que lo recomendable en momentos críticos como el actual es el viejo truco del fly-to-quality; por lo menos hasta que pase la tormenta. Esto implica sacrificar rendimientos en aras de reducir el riesgo. Y aplicar la observación como táctica y el silencio como estrategia.

 

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